Las pantallas calman y entretienen, pero a largo plazo generan dependencia y sustituyen el juego, el movimiento y la interacción real, afectando al desarrollo emocional, social y creativo de la infancia.
Una experiencia holográfica que revela el nuevo circo de la infancia y genera conciencia.
EL NIÑO ARAÑA: vive atrapado en una red de pantallas. Sus brazos se estiran hacia múltiples estímulos al mismo tiempo. Ya no «caza» presas ni trepa por instinto: responde a notificaciones, luces y recompensas constantes.
LA CRIATURA SALVAJE: Está pegada a un móvil. Cuando se queda sin él, su cuerpo reacciona con furia: tensión, gritos, rechazo. No es agresiva por naturaleza. Es la retirada del estímulo lo que la desborda. Sin el móvil, no sabe cómo calmarse ni cómo estar con los otros.
EL FORZUDO MULTIPANTALLAS: Sostiene varias tablets al mismo tiempo. Cuantas más carga, más fuerte parece. Pero su fuerza es aparente: salta de estímulo en estímulo sin profundizar en ninguno. Resiste horas conectado, pero no soporta el silencio ni el aburrimiento.